Rutina de invierno

Etiquetas

, , ,

Fumar desde un escritorio blanco sembrado de pegatinas y ver cómo el humo asciende hasta la ventana y empaña la visión de los tejados vecinos y un ocaso temprano, casi de mediodía. Así, se va sumando un día más a Mastericht, la ciudad donde todo gira en torno a EPA. Las conversaciones, incluso las de discoteca, se contaminan de siglas y contenidos de clase, y las clases, de chismes y de referencias nostálgicas a más de diecinueve países.

Empieza a hacer frío, y los días se van volviendo grises. Han terminado unas obras que duraron cuarenta días y cuarenta noches en Brusselsestraat, aunque todavía queda una montaña de piedra y polvo, junto a un baño portátil de plástico y polvo flotante justo en frente de mi puerta. Bajo mi ventana, atravesando la calle, luces de Navidad.

Todo se ha vuelto tremendamente familiar en muy poco tiempo: la gente, las clases, el idioma, el Albert Heijn, el Clinic, el Take five, la biblioteca, el cine Lumière y las clases de francés. También el hilo de agua de la ducha que a ratos arde en la piel y a ratos la pone de gallina, y las actividades repetitivas: imprimir diapositivas, buscar prácticas en Euractiv, ver Euronews, lavar la losa… Cada sorpresa caduca se ha transformado en un pedazo de rutina. Y a cada porción le voy cogiendo más y más afecto.

Atractivos de Aquisgrán

Etiquetas

, , , , , , ,

Una de las principales ventajas de vivir Maastricht viene dada por su situación geográfica, a apenas un salto de distancia de Alemania y Bélgica. No es de extrañar, pues, que muchos de sus incontables estudiantes germanos decidan ir y venir de su ciudad patria más cercana, Aquisgrán (Aachen), en lugar de dormir bajo el influjo de la noche limburguesa.

La primera vez que fui a Aquisgrán me pareció un lugar bastante anodino, pero con algunos atractivos después de todo. Maastricht es un buen lugar para ir de compras si se tiene una tarjeta visa bien nutrida, porque abundan las tiendas y boutiques, pero cuenta con la segunda calle comercial más cara de todos los Países Bajos. Así que, llegada la hora de surtirse con ropa de abrigo, es una buena medida de ahorro decantarse por la moda alemana.

En términos de comida… ejem. Se echa de menos la variedad de productos de los supermercados españoles, tanto en Alemania como en Holanda; pero al menos los productos alemanes, en Netto o Aldi, son más baratos. Fruto de la obsesión germana de mantener a raya la inflación, supongo. Una puede hacerse con bolsas de chocolate kinder, bandejas de Kartofelsalat, salchichas de untar y un sinfín de salsas a precios irrisorios, si se comparan con los del Albert Heijn.

Aquisgrán tiene una catedral impresionante, que nos transporta a los tiempos del Imperio Carolingio. Parada obligada para los amantes de la historia y de la arquitectura mastodóntica. Y ahí, punto y final. Estaba yo convencida de que la urbe germana no tenía nada más interesante que ofrecerme…. hasta que descubrí su hospital universitario, el más grande (y raro) de Europa.

Imaginen un edificio de estructura rectangular, con un gran heliopuerto verde chillón que pareciera construido a base de lego y perforado por tubos de ventilación amarillos que le daban cierto aire de estación espacial o refinería de petróleo. En el interior, un suelo de moqueta verde de distintos colores, como la muda de una piel de serpiente, y puertas amarillo limón y naranja. El mundo de la felicidad multicromática, habitado por abuelos en camillas, con vías atravesando su piel de pasa, con ojos hundidos de un color azul o verde pasado por lejía aspirando dificultosamente el olor el olor a alcohol y desinfectante y buscando una sonrisa tras las mascarillas.

Pasen y vean. Una experiencia chocante en el edificio destripado, donde ver las venas architectónicas de un diseñador loco y un incesante fluir de enfermeras con hiyab, pacientes con burka, y doctos señores alemanes blandiendo el bisturí.

De cuento

Etiquetas

, , ,

Maastricht es una ciudad donde contarse cuentos. Por la vetusta complexión de sus piedras que datan de los tiempos romanos hasta el río Mosa, que fluye, y fluye, siempre el mismo y distinto a la vez.

 

Maastricht se cubre con frecuencia de lluvia y se pone su manto gris, pero es sólo un disfraz, porque después el cielo hace guiños de luz y muestra un azul luminoso, como en los cuadros de Magritte, con nubes blancas que recuerdan que a los momentos malos les siguen los buenos.

Como en todo el centro de Europa, se cubre de pasto y verde, y hay vacas que mujen y ciclistas que miran de reojo a los coches que pasan, y hojas de otoño encarnadas que emprenden un vuelo en solitario con pocas probabilidades de éxito.

 

Hay señoras muy señoreadas que toman vino blanco en venas gourmet en la plaza de Vrithof, donde hoy mismo se agolpaban también coleccionistas de coches antiguos, adolescentes que se sacan fotos bajo una lluvia de hojas secas y niñas con abrigos rojos que intenta sacar una foto a contraluz. Hay un no se qué de melancólico, y pareciera silenciosa y triste, hasta que las campañas tañen al son del himno de la alegría, barriendo el sopor de sus calles, y una no puede evitar esbozar una sonrisa.

La persistencia de la memoria

Una de los puntos negativos de embarcarse en un máster tan exigente en términos de tiempo es que a una apenas le queda inspiración para escribir. Aunque el impulso sigue ahí, la idea sobre la que construir el texto, apenas nace, se desgaja de sí misma y se impregna con información sobre derecho, economía, y otras materias que apenas dejan espacio al concepto artístico de belleza. Sin embargo, en las largas horas de espera en trenes y aeropuertos, ahí, el deseo de volver a abrazar a las letras se impone. Y las letras, siempre imbuidas de recuerdos (reales e inventados) desdibujan las fronteras entre ayer, anteayer, hoy y mañana.

Entonces ocurre que, al revivir lo vivido, convertimos el hoy en el ayer que nos unía, dejando espacio presente al recuerdo. Pero el presente del tic tac que se suicida ya no es tuyo y mío, no es nuestro. Es de ustedes. Y mío y de los otros. Las personas y los escenarios se mezclan sin llegar a cuajarse y, al final, lo único que da coherencia a todo el texto, a la(s) vida(s), es la certeza del ‘todo pasa y nada permanece’.

 

Traducción

Etiquetas

, , , , , ,

Hoy se cumple un mes desde que llegué a Maastricht, tan rápido y tan agitado que apenas me he dado cuenta. Empiezo a sentir esa sensación de familiaridad, casi de amor, por los espacios que voy transitando cada día, pero aún me pierdo por las calles. Algo parecido pasa con los nuevos amigos.

Cada persona, cada cosa y cada lugar supone un esfuerzo extra de traducción e interpretación. Por poner un ejemplo nimio, el envase de la foto no es manjar asiático (como me había hecho creer Temco, la morosa ex compañera de casa que me lo dejó como herencia) sino unas bandas que desprenden calor, para ponerlas en la ropa durante el invierno. Siempre nos quedará el restaurante chino del Market Square, supongo.

Otras veces se conocen asuntos de mayor trascendencia, como que tirar la basura de forma errónea puede acarrear multas. Hay señores que chequean tus desperdicios en busca de algo que delate su procedencia, y cámaras en las calles. Yo intuyo que me he ganado una multa, o un aviso, según una carta que me ha traducido un compañero oriundo de estos lares, pero me voy a hacer la sueca a ver qué pasa. Para empezar, porque mi basura no es sólo mía, sino la basura de todo el edificio y no recuerdo haberla dejado fuera de lugar. Maastricht Gran Hermano / Los Juegos del Hambre tiene esas cosas, que pillan antes al pequeño infractor que al ladrón de bicicletas…

Hundir la flota

Etiquetas

, , ,

En el máster de European Public Affairs de Maastricht la nota final de la asignatura es el resultado de un quiz, dos trabajos de grupo y dos exámenes. Uno de los trabajos de grupo consiste en crear una nueva constitución para un país inventado del este, antigua república soviética, que quiere convertirse en miembro de la Unión Europea.

Hoy ha sido la presentación sin nota, sólo para ver errores y mejorar. Pero incluso a sabiendas que no puntuaba, en el turno de preguntas, algunos han intentado disparar a los puntos más débiles de cada grupo. Me he sentido como si jugara a hundir la flota, pero por suerte nuestros buques (los diferentes puntos del proyecto) han permanecido a flote tras el bombardeo.

Rarezas neerlandesas

Etiquetas

, , , , , , ,

Aunque llevo aquí más de tres semanas, apenas he tenido tiempo para pararme a analizar la cultura neerlandesa. Primero, por cuán intensivo es el máster en European Public Affairs; y segundo y más importante, porque Maastricht está atestado de extranjeros.

Sin embargo, hay un par de cosas que me han llamado la atención. Por un lado, la  continuada presencia de extintores; en mi pequeña casa de estudiantes para cuatro almas hay dos, uno en la cocina y otro a la salida de mi habitación. No me quejaré, ayer casi tengo que hacer uso de ellos cuando olvidé la cafetera en la cocina vomitando humo negro. Pero eso es otra historia.

Otra singularidad es la cantidad de viejitos con sillas de ruedas motorizadas y andadores se ven por las calles, sobre todo por las mañanas en el centro comercial Brusselse Poort. ¿Por qué? No lo se, pero se cruzan en tu camino casi tan a menudo como los estudiantes con sus bicicletas agonizantes y necesitadas de arreglo.

Luego está el tema de las bolsas de basura. No valen las negras, hay que comprar unas especiales que salen a 12 euros el rollo, las pequeñas. Al parecer, en el precio pagas el servicio de recogida de basura de los martes por la noche. Para que el rollo dure más de una semana, te ves obligado a reciclar, pero la forma de hacerlo es distinta a la de España: por un lado cristal blanco, por otro coloreado, por un lado plástico, por otro tetra bricks… ¡Complicados señores del norte!

Los coffe shops han ido cerrando desde que entró en vigor la ley que prohibe su entrada a no residentes, pero hay tiendas en las que se vende marihuana y las famosas trufas. Sin embargo, beber en la calle está prohibido.

En está sociedad el sexo no es tabú, y proliferan los sex shops en la misma calle de la Universidad. Pero a veces no son tan directos como pueden parecer… si no, presten atención a la correcta interpretación de las siguentes frases:

¿Quieres un café? significa, ¿Quieres sexo?

-¿Con leche? significa, ¿con condón?

Juzguen ustedes mismos.

 

Bailes en kebab Amigo

Etiquetas

, , , ,

En Maastricht todo cierra a las 18.00 horas. Matizo: Todo, menos los bares, el Burguer King, el Mc Donalds, el Frituur y el kebab Amigo.

El logo de Amigo es un toro de lidia pero, aunque pueda generar confusión, dentro no se venden tortillas, paellas y rebujitos sino döner kebab y ayran. Aquí pasa como con el toro de Osborne, pocos son los que a priori saben que publicitaba brandy de Jerez.

Para dotar al establecimiento de un eclecticismo aún mayor, dispone de frikandellen de la zona, una esquina italiana donde se preparan pizzas, cuadros de Marruecos, murales de Egipto y luces de Navidad.

¿Por qué? Mientras me lo preguntaba, un canal de música turca en la tele me empujó a moverme un poco. Al fin y al cabo era Sábado noche. El turco pizzero se contagio con mi amago de baile y empezó a dar saltitos mientras salpicaba la masa de queso y salchichón.

“Siz Türk müsünüz?”, me preguntó exaltado. “No”. Y volvió a repetirme incrédulo: “Siz Türk müsünüz?”. “No, no, España”.

La decepción le cambió el semblante cuando descubrió que no era compatriota suya. Ni él, ni su compañero hablaban en inglés. Yannick les explicó en alemán que mi conato de danza iba integrado en una conversación sobre cómo la música turca de la tele, o la griega, o incluso la salsa, empujaban a mover el cuerpo de una forma diferente al de la música electrónica que se escucha por estos mundos del norte.

“El ritmo es el ritmo”, dijo entonces el pizzero saltarín, “no importa de donde vengas”. Y su compañero, también en lengua germana, desveló el misterio.

Estuvo en Murcia y en Madrid antes de abrir el local y le gustó tanto, que lo bautizó con una de esas palabras que todo el mundo entiende: Amigo. Ach so! “Pero, ¿por qué hablas alemán?”. “Mi novia”. Ahora todo encaja.

Atracción felina

Etiquetas

, , ,

Este ser de cuatro patas y bigotes vive en la tienda de baños de Brusselsestraat, al lado de mi casa. Se pasa la vida durmiendo, tan quietito dentro del escaparate, que al principio pensé que estaba disecado. ¡Vaya susto cuando de repente se empezó a atusar las orejas!

Al parecer las estrategias de ‘merchandising’ ya han sobrepasado las luces LED para las frutas y el perfume suave de hombre en algunas tiendas de moda de mujer. Llega la era de los felinos… ¿Quién se resiste a ellos?

 

Cómo encontrar alojamiento y no morir en el intento

Etiquetas

, , , , ,

Encontrar un techo bajo el que dormir puede convertirse en una auténtica pesadilla. Aunque el alquiler medio ronda los 300 euros al mes, no es fácil conseguir un habitáculo bueno, bonito y barato.

Búsqueda

La Universidad de Maastricht ofrece el servicio ‘Maastricht Housing’ previo pago de 35 euros. Es la mejor opción si quieres probar cómo es la vida en las residencias de estudiantes pero, ojo, el periodo mínimo de alquiler es de un año y el precio ronda los 11-20 euros al día. En esta página también puedes encontrar ofertas de propietarios particulares.

Si te atrae lo vintage puedes encontrar algunas ofertas en papelillos impresos en la biblioteca. Otra opción son las agencias. El problema es evidente, el alquiler se encarece porque al principio hay que pagar un extra. Si en vez de habitación buscas un piso puede que te resulte más fácil encontrar algo interesante, pero asegúrate que tus futuros flatmates son de fiar porque la agencia exige el alquiler íntegro del piso cada mes.

En mi caso, lo que mejor ha funcionado son los grupos de Facebook: Rooms/Appartment for rent in Maastricht, Maastricht Student RoomFlat Hunting Maastricht o Room/Kammer/Zimmer Maastricht.

Jules and You también ofrece servicios inmobiliarios, pero no me atrevo a recomendarlos…

Ubicación

Maastricht es una ciudad desgajada en dos partes: la este y la oeste, separadas por el río Mosa. Para los estudiantes de la FASOS (Facultad de Artes y Ciencias Sociales) lo más cómodo es vivir en la parte Este del río donde, además, se encuentra la plaza de Vrijthof, el centro neurálgico de la ciudad.

El reto es encontrar algo relativamente cercano y relativamente barato. Al final, muchos estudiantes prefieren vivir más lejos y pagar menos, ya que al tratarse de una ciudad pequeña se puede llegar a cualquier punto más o menos rápido si se cuenta con una buena bicicleta.

Otros, menos afortunados, terminan viviendo en ciudades próximas, en Bélgica, y cruzan las fronteras cada mañana para ir a clase. Éstos tienen alquileres por debajo de los 300 euros pero suelen padecer episodios prolongados de fatiga de tanto ir del tingo al tango.

También los hay que viven en Aquisgrán, la ciudad alemana más próxima, y se someten a una horita de guagua diaria para no faltar a su cita con las aulas.

Muebles

Las habitaciones más baratas normalmente no están amuebladas. A veces, sus antiguos habitantes se afanarán en venderte sus muebles, otras, te tendrás que buscar la vida. Para ir a Ikea necesitarás un coche, pero puedes ahorrarte las súplicas a ese amigo o conocido motorizado si te inclinas por las tiendas de segunda mano, Market Stuff o, de nuevo, por los grupos de Facebook: Sharing is caring, Fleamarket Maastricht o Furniture for sale! Maastricht!

Vibraciones

Si buscas habitación ten en cuenta las vibraciones del sitio donde vas a vivir. En todos los sentidos: las vibraciones de coches y vespas por las calles de piedra más transitadas frente a tu ventana o las de las campanas que tañen todas las mañanas a las 8 am incluidos los fines de semana, pueden quebrar los dulces sueños de hasta el más inmutable de los durmientes. Convieve tener en cuenta las vibraciones más sutiles, las de los compañeros de piso: los hay extremadamente limpios o sucios, extremadamente sociales o insociales, extremadamente convencionales o alternativos…

En mi búsqueda de piso encontré una casa con un propietario joven, estudiante de Comercio Internacional, que estaba llevando a cabo todo un proceso de selección para el nuevo inquilino: “háblame de ti” tras un apretón de manos y hasta un comunicado vía email lamentando profundamente no haberme seleccionado porque había individuos que se adaptaban mejor al perfil que buscaban en el piso. Como contraste, había otro en una casa en penumbra, a la luz de las velas, con un grafiti pintado en el salón y una bandera de Jamaica sujeta al techo con chinchetas. Allí no me preguntaron nada sobre mí, me hablaron de jazz y de barbacoas en el jardín. Pero ya saben lo que dicen: En el término medio está la virtud.

¿Y si no consigo habitación?

Muchos estudiantes comienzan el curso aún sin sitio en el que vivir. Hasta que encuentren su lugar, lo normal es que se hospeden en el hostal Stay Ok o que hagan uso del Coach Surfing.